La falta de competitividad provocaría el fin del régimen totalitario

  • Redacción y edición:  Carlos
  • Corrección de pruebas: Shuaihu

Las largas horas de trabajo sin días para descansar, es y siempre va a ser el foco de lucha entre los trabajadores y  los patronos en todo el mundo.  El mayor logro de los sindicatos de trabajadores en el siglo XX en un gran número de países ha sido el establecimiento de la regla de 8 horas de trabajo por día  y 5 días a la semana, lo que ha dado la posibilidad de que un trabajador tenga dos días de descanso por semana.  Teóricamente suena lógico y equitativo para respetar el derecho de cualquier trabajador.  Sin embargo,  el lado negativo de tal arreglo es limitar trabajador el derecho de percibir un sueldo  para mejora su calidad de vida.   El trabajador tendría que acudir un trabajo extra para ganar esa extra que le sirve para este efecto de una vida más digna y decorosa.

Antes de llegar el acuerdo de implementar un sistema de 8 horas de trabajo diario, y 5 días a la semana, el hombre trabajaba en largas horas sin días de descanso.  Hoy el patrón busca otras formas para evadir las exigencias impuestas buscando huecos de la ley para mantener la competitividad.  Pero en un país como China, bajo un régimen totalitario que no se preocupa por la justicia, la libertad y todo lo relacionado al derecho humano, las largas horas de trabajos se han vuelto otra vez como norma social económica.  Así surge los términos de 996 y 715, que  significa trabajar en un horario de 9:00 am a 9:00 pm diario y 6 días a la semana, y  el otro que es todavía más penoso de realizar desde las 7:30 am hasta las 0:30 am que representa 15 horas de trabajo diario, y 7 días a la semana.  No es nada exagerado por decir que es el horario de la nueva esclavitud del siglo XXI, y esto solo puede existir en un régimen como el del PCCh. 

En la Biblia cuenta que el que trabaja tiene el derecho de percibir su sueldo.  Pero la cuestión de un sueldo justo lo deja a discreción humana, porque se trata de caridad con los prójimos.  Y  según el cristianismo, el trabajo es la lógica consecuencia del pecado original.  Aunado al egoísmo, la avaricia, el odio, la corrupción y la pereza etc.  que todos forman parte de los  defectos inherentes del ser humano, que nunca se corregirá al 100% mientras exista el ser humano. Aun con la llegada de la era de los robots, el hombre no podrá dejar de trabajar.  Y el problema de un pago justo con derecho de esparcimiento seguirá discutiendo entre hombres, patronos y trabajadores.

En el mundo occidental donde prevalece la filosofía cristiana cabe la posibilidad de buscar un acuerdo entre el patrón y el trabajador para resarcir este pecado que el mismo hombre se cometió desde la creación.  Para el bien ó para el mal, hay diálogo, negociación, y consenso para proceder.  Pero en un mundo dominado por el ateísmo sin respeto a la libertad, la justicia, y el derecho humano que queda en un simple eslogan, el derecho del trabajador no es respetado, y nunca tendrá la oportunidad para opinar, menos exigir.  Lo que diga el gobernante es lo que va a obedecer el gobernado.  No hay ninguna opción para escoger.  Da pena ver que este conflicto laboral sigue en nuestra era.

Esta es la cruda realidad que vive un pueblo esclavizado, como el de China.  El gobierno exprime el sudor del pueblo para mantener su alta competitividad.  El mundo ya se dio cuenta y está haciendo su luchar para eliminar esta competencia injusta.  Cabe decir que la desaparición de la competitividad de manos de obra podría llegar a pronunciar el fin de ese régimen que todo el mundo lo repudia. Ojalá esto se ocurra muy pronto. La concordancia entre el patrón y el trabajador sería la base para una vida armónica que todos anhelamos.

Referencia:

https://new.qq.com/omn/20210409/20210409A050CG00.html

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